Para El Pueblo: Environmental Racism in Oxnard, CA

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Fighting for environmental justice means acknowledging that marginalized peoples, including Latino communities, are among the most vulnerable to the effects of climate change, and that we too deserve clean water and breathable air. As a young person coming of age in Oxnard, one of the most polluted cities in California and a supplier of dirty fossil fuel based energy to people in three counties, I know we are a proud people and much more than just a “sacrifice zone,” our existence is sacred.

When my mother dropped me off at University last year and said she was sorry she couldn’t do more for me – finish her education and make more money – I would have cried like a baby if I wasn’t so angry with the knowledge that it wasn’t just us experiencing these disadvantages. Millions of Latino families have had their land, wealth, and livelihoods stolen from them over many generations, and behind all the sweet smelling stories this country had instilled in us about equality and the American Dream lay cold harsh truths of extreme exploitation and an unmatched greed that would consume the very Earth it stood on if given the chance.

Although American schools do not teach us, the history of our people is older than maíz and our spirit is stronger than an aguacate tree, but this society has taken nearly everything from us and made people like my mother believe our family’s poverty is her fault rather than the deliberate design of a ruthless system where the super rich own everything from medicine to the media.

The longer I’m away from Oxnard the more clearly I can see the many ways our community is on the frontlines of the climate justice movement, as well as the global struggle between the rich and the poor – a fatal battle for human rights and liberation.

Latino people are on a treadmill in this country. No matter how fast we run, how hard we work, we will never achieve the dignity we deserve under this repressive system that was built on the stolen labor and slaughter, not only of Indigenous and Black people, but on non-white people and poor people all around the world.

Sometimes the violence our community suffers at the hands of the authoritarian system is slow, as in the case of toxic chemicals in our fields (and near our schools) causing birth defects, cancer, and some of the highest asthma rates in the state. Other times the violence is swift as evidenced by the millions of our city dollars paid to the families of victims unjustly slain in the streets by the Oxnard Police Department, a microcosm of the state terror that has taken the lives of so many of our brother and sisters on all sides of these man-made borders.

It was a mistake to register my grandfather to vote last summer. I understand now that when it comes to voting, the master’s tools will never dismantle the master’s house. If ever democracy has existed in this country, the ability for working-class people to influence politics, it has now been washed away and replaced by the corporate state and military industrial complex that becomes more powerful by the day.

This is why Oxnard has been plagued by multi-billion dollar fossil fuel corporations that operate multiple oil refineries, drill sites, and three gas-fired power plants on our beaches – more than any coastal city in California. The environmental health hazards experienced by Communities of Color and presented by the extractive economy represent the failure of state agencies and elected officials to protect the people against an industry that values profits far higher than even air and water.

Hundreds of citizens have testified in opposition to a new proposed natural gas power plant over the past three years, yet state agencies including the California Public Utilities Commission (CPUC) insist on holding yet ever more public hearings, the next of which is scheduled for July 26th – 28th at the Oxnard Performing Arts Center. If this power plant is approved it will no doubt operate for at least 50 years – in this way, the future of Oxnard’s energy production will inform whether the state will continue to rely on fossils, or if we are bold enough to blaze a new path powered by renewable energy like wind and solar.

Our current president is not the first racist, misogynist, business man to be president of the United States nor should his election come as a shock to us who have been targeted as criminals and “bad hombres.”  Instead Trump is but a familiar symptom of capitalism, and his hostile policies towards undocumented migrants, Muslims, People of Color, and the environment represent a descent into fascism – the true face of what America is becoming

No one is safe in Trump’s America; neither citizenship nor social status will shield even the most law-abiding among us from persecution by the State. The crises facing our climate and communities have become so great that even waiting until tomorrow to act will be too late; either we stop going along with the system or let it destroy us.

Our people’s spirit of resistance, as well as this historic moment, demands that we take our destiny into our own hands to reach across identities and build a massive social movement  that will take power and ensure a collective liberation for all families! We are more powerful than we are forced to believe.

 

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Para El Pueblo: Racismo Ambiental en Oxnard, CA

(link to English version)

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Luchando por la justicia ambiental quiere decir que la gente marginada, incluyendo las comunidades latinas, son las más vulnerable a los efectos del cambio climático, y que nosotros también merecemos agua limpia y aire respirable. Como un joven creciendo en Oxnard, una de las ciudades más contaminadas en California y el proveedor de energía sucia basada en los combustibles fósiles a gente de tres condados, yo se que somos un pueblo digno y mucho más que una “zona de sacrificio,” nuestros cuerpos son sagradas.

Cuando mi Mamá me dejó en la universidad este año pasado y empezó a disculparse por no poder hacer más por mí – completar su educación o ganar más dinero – hubiera llorado como un bebé si no estuviera tan enojado con el conocimiento de que no era nosotros solos que estábamos padeciendo estas desventajas. Millones de familias latinas han tenido su tierra, riqueza, y sustento robado de ellos sobre muchas generaciones; y detrás de todas las dulces historias que este país nos había inculcado acerca de la igualdad y el sueño americano, se esconden tristes y duras verdades de extrema explotación y una codicia inigualable que consumiría la misma tierra en la que se encontraba si se le diera la oportunidad.

Aunque las escuelas americanas no nos enseñan, la historia de nuestro pueblo es mayor que el maíz y nuestro espíritu es más fuerte que un árbol de aguacate, pero esta sociedad nos han quitado casi todo de nosotros y han hecho que gente como mi madre creer que la pobreza de nuestra familia es su culpa en vez de un diseño deliberado de un sistema despiadado donde los súper ricos poseen todo, desde la medicina hasta los medios de comunicación.

Cuanto más lejos estoy de Oxnard, más claramente puedo ver las varias maneras en que nuestra comunidad está en la línea de frente del movimiento por la justicia climática, así como la lucha global entre los ricos y los pobres – una batalla fatal por los derechos humanos y la liberación.

Las personas latinas están en una rueda de andar en este país. No importa lo rápido que corremos, lo duro que trabajamos, nunca lograremos la dignidad que merecemos bajo este sistema represivo que fue construido sobre el trabajo robado y la masacre, no sólo de indígenas y negros, sino de gente no blanca y de gente pobre en todo el mundo.

A veces la violencia que nuestra comunidad sufre a manos del sistema autoritario es lenta, como en el caso de los productos químicos tóxicos en nuestros campos (y cerca de nuestras escuelas) que causan defectos de nacimiento, cáncer y algunas de los niveles más altos de asma en el estado. Otras veces la violencia es rápida, como lo demuestran los millones de dólares de nuestra ciudad pagados a las familias de víctimas injustamente asesinadas en las calles por el Departamento de Policía de Oxnard, un microcosmos del terror estatal que ha causado la vida a tantos de nuestros hermanos y hermanas en todos los lados de estas fronteras hechas por el hombre.

Fue un error el haber registrado a mi Abuelo para votar este verano pasado. Ahora entiendo que cuando se trata de votar, las herramientas del maestro nunca desmantelaron la casa del amo. Si alguna vez la democracia ha existido en este país, la capacidad de la gente obrera para influir en la política, ahora ha sido arrasada y reemplazada por el estado corporativo y complejo industrial militar que se vuelve más poderoso por el día.

Es por eso que Oxnard ha sido plagada por corporaciones de combustible fósil de miles de millones de dólares que operan varias refinerías de petróleo, sitios de perforación y tres centrales eléctricas a gas en nuestras playas, más que cualquier ciudad costera de California. Los peligros para la salud ambiental que experimentan las Comunidades de Color y presentados por la economía extractiva representan el fracaso de las agencias estatales y los funcionarios electos para proteger al pueblo contra una industria que valora los beneficios mucho más altos que incluso el aire y el agua.

Durante estos tres años pasados, cientos de ciudadanos han testificado en oposición de una nueva planta de energía basada(?) en el gas natural, a pesar de esto agencias del estado como el California Public Utilities Commission siguen insistiendo que necesitan todavía más juntas públicas para llegar a una decisión. Esta próxima junta va suceder en el centro de artes escénicas 800 Hobson Way durante los días 26-28 en el mes de Julio.

Si esta planta de energía es aprobada, sin duda va operar por 50 años al mínimo – en esta manera, el futuro de la producción de energía en Oxnard va informar si el estado va continuar contando en fósiles, o si somos demasiados atrevidos para marcar un camino nuevo y alimentado por la energía renovable como la del viento y solar.

Nuestro presidente corriente no es el primer racista, misógino, hombre de negocios a ser presidente de los Estados Unidos tampoco su elección debe escandalizar nosotros que han sido digeridos como criminales y “bad hombres.” Al contrario Trump es poquito mas que un síntoma familiar, y sus políticas hostiles hacia emigrantes sin papeles, musulmanes, Gente de Color, y la naturaleza representan el descenso al el fascismo – la cara verdadera de lo que se está convirtiendo este país.

Nadie está seguro en el América de Trump; ninguno la ciudadanía ni el estatus social va proteger ni siquiera los más repuestos con la ley entre nosotros de la persecución del Estado. El crisis opuesta del clima y nuestras comunidades se han convertido en fuerzas tan gran que simplemente esperar hasta mañana para actuar será demostrado de ser demasiado tarde; podemos confirmar con la sistema hasta que nos destruye, o podemos resistir eso que nos busca obliterar.

El espíritu de resistencia en nuestro pueblo, igual como este momento histórico, demanda que tomemos nuestro destino en nuestras propias manos para alcanzar a través de identidades para construir un movimiento social masivo que tomará el poder para asegurar una liberación colectiva para familias alrededor del mundo. Somos más fuertes de lo que nos obligan a creer.